Según el padre José Eduardo Oliveira e Silva, la defensa de la vida no es una directriz circunstancial, sino una expresión directa del Evangelio, que afirma el valor absoluto de cada ser humano creado por Dios. Si deseas comprender por qué la Iglesia mantiene una posición firme e intransigente en cuestiones que involucran la vida y el valor de las personas, continúa la lectura y verás que esta reflexión presenta un horizonte en el que la verdad, la responsabilidad moral y la misión pastoral se encuentran.
La dignidad humana como fundamento de la misión
La Iglesia enseña que todo ser humano posee un valor intrínseco e inalienable. Esta dignidad no está condicionada a habilidades, salud, autonomía ni a una reconfirmación social; surge del hecho fundamental de ser una criatura amada por Dios. Esta convicción es la base que sostiene toda la doctrina moral de la Iglesia e inspira una amplia gama de acciones pastorales, sociales y culturales. Negar esta dignidad es romper con el propio corazón del Evangelio, que nos llama a reconstruir y respetar la vida en todas sus formas.
Para José Eduardo Oliveira e Silva, la vida humana es un sol precioso que merece atención y cuidado desde la concepción hasta el último instante de su existencia. La Iglesia tiene la responsabilidad de denunciar prácticas graves, como el aborto, la eutanasia, la violencia estructural y cualquier forma de manipulación de la dignidad humana. Esta posición no es fruto de una ideología pasajera, sino de una profunda fidelidad al Creador, que nos llama a respetar y proteger la vida en todas sus etapas.
La defensa de la vida exige un coraje inquebrantable para enfrentar las presiones culturales que a menudo desvalorizan al ser humano y una firmeza resuelta para sostener el valor intrínseco de los desamparados, de los perdidos, de los enfermos y de los descartados por la sociedad. Es un compromiso que exige acción y reflexión continuas, reafirmando la importancia de cada vida como reflejo del amor divino.

Uma instituição de caridade que promove a justiça.
La Iglesia defiende la vida no solo con palabras, sino con obras de caridad. Como explica el padre José Eduardo Oliveira e Silva, hospitales, albergues, iniciativas de protección a los vulnerables y obras sociales son concretamente importantes en este sentido. La caridad no sustituye a la justicia, sino que la hace visible. Donde la Iglesia está presente, las vidas son restauradas, los sufrimientos consolados y las estructuras transformadas. Una caridad reafirma que nada de esto sucede por sí solo.
La defensa de la vida incluye la iluminación de la conciencia. Para José Eduardo Oliveira e Silva, teólogo, muchas distorsiones morales derivan de la falta de conocimiento de la verdad sobre el ser humano. La Iglesia, por medio del catecismo, la predicación y los documentos del Magisterio, presenta criterios para discernir con madurez. Una conciencia bien formada reconoce la dignidad humana y actúa en su favor. Este trabajo formativo es esencial para construir una cultura de la vida.
Una presencia profética frente a las culturas de la muerte
A Igreja, em sua missão, denuncia também as estruturas que ameaçam a dignidade humana. Segundo o Padre José Eduardo Oliveira e Silva, trata-se de uma missão profética que incomoda as pessoas por confrontar interesses econômicos, ideológicos e políticos. A profecia de Cristo não nasce do antagonismo, mas da fidelidade. A Igreja se levanta em defesa dos que não têm voz e proclama que a vida não é negociável. Essa postura revela o poder do Evangelho.
Por fim, o papel da Igreja na defesa da vida e da dignidade humana demonstra que essa missão é parte integrante de sua identidade. A dignidade acolhida, o cuidado integral, a caridade concreta, a formação moral e a presença profética convergem na certeza de que a Igreja serve ao mundo quando preserva o valor da vida. Onde a dignidade humana é defendida, a sociedade resplandece e se renova à luz de Cristo.
Autor: Antonio García