¿Cómo evaluar una vivienda usada sin dejarse engañar por reformas hechas para ocultar problemas y no para mejorarla?

Guilherme Silva Ribeiro Campos
Diego Velázquez
7 Min de lectura

La compra de una vivienda usada es uno de los momentos en los que un comprador con poca preparación toma con mayor frecuencia decisiones de las que luego se arrepiente, señala Guilherme Campos, empresario y desarrollador inmobiliario. El problema rara vez radica en la mala fe del vendedor, sino en la diferencia entre lo que una reforma bien presentada muestra y lo que realmente oculta. Pisos nuevos, paredes recién pintadas y baños remodelados crean una percepción de calidad que puede esconder problemas estructurales, hidráulicos y eléctricos que solo salen a la luz después de mudarse.

Antes de presentar una oferta, conviene saber qué aspectos observar para diferenciar una propiedad que realmente fue mejorada de otra que simplemente recibió un retoque estético.

La reforma que mejora y la reforma que disimula

No todas las reformas agregan un valor real a una propiedad. Existe una diferencia fundamental entre una reforma realizada para mejorar el rendimiento y la durabilidad del inmueble y otra hecha únicamente para hacerlo más atractivo visualmente con la menor inversión posible antes de venderlo, explica Guilherme Campos. El comprador que aprende a distinguir estas dos categorías obtiene una ventaja concreta durante la negociación, ya que puede identificar cuándo el precio solicitado está inflado por acabados nuevos que no solucionan los problemas reales de la vivienda.

Revestimientos nuevos colocados sobre paredes con humedad, pisos instalados sobre una base irregular, pintura reciente aplicada sobre revoques con problemas de adherencia y baños renovados con azulejos nuevos que ocultan instalaciones hidráulicas antiguas son ejemplos clásicos de reformas que disimulan sin resolver. Quien no sabe qué buscar termina pagando por la apariencia y heredando los problemas.

¿Qué observar antes de elogiar los acabados?

La primera visita a una vivienda usada suele estar dominada por los elementos más visibles: los acabados, la decoración y la iluminación cuidadosamente preparada por el vendedor. Sin embargo, el comprador con experiencia entrena su mirada para detectar aquello que va más allá de la estética.

El empresario Guilherme Campos señala que las señales más reveladoras de una vivienda usada rara vez se encuentran en las áreas principales. Suelen aparecer en las uniones entre paredes y techos, en los zócalos, en las esquinas de los baños, en las áreas de lavandería, en los techos de balcones y garajes, así como en las paredes exteriores, que pocas veces son renovadas antes de la venta.

Las manchas amarillentas o grisáceas bajo una capa de pintura nueva suelen indicar filtraciones tratadas solo de manera superficial. Los zócalos ligeramente desprendidos revelan movimientos en el piso que pueden ser consecuencia de problemas en la base o en la impermeabilización. Los nuevos materiales de rejuntado en baños con azulejos antiguos pueden ser una señal de que se intentó ocultar el desgaste sin realizar una reforma integral. Aunque estos detalles parezcan pequeños de forma aislada, en conjunto ofrecen un diagnóstico bastante preciso sobre el estado real del inmueble.

Guilherme Silva Ribeiro Campos
Guilherme Silva Ribeiro Campos

¿Cómo aprovechar el historial de la reforma a su favor?

Toda vivienda que ha sido reformada recientemente tiene un historial que el vendedor puede revelar o no de manera espontánea. Preguntar directamente qué se reformó, cuándo, quién realizó los trabajos y cuál fue el presupuesto es una estrategia completamente válida que muchos compradores no utilizan por timidez o simplemente por falta de costumbre.

Según Guilherme Campos, los vendedores que cuentan con un historial de reformas bien documentado, respaldado por facturas de materiales, contratos con los profesionales y fotografías del antes y el después, transmiten un nivel de confianza que puede justificar el precio solicitado. En cambio, aquellos que no logran explicar qué trabajos se realizaron o responden de manera vaga sobre las intervenciones efectuadas suelen dar señales, aunque sea de forma involuntaria, de que la reforma se hizo con prisa y sin criterios técnicos adecuados.

Solicitar una inspección técnica independiente, realizada por un ingeniero o un arquitecto sin vínculo con el vendedor ni con el agente inmobiliario, es el recurso más eficaz para convertir las sospechas en certezas antes de asumir cualquier compromiso financiero.

¿Cómo convertir lo que encontró en un argumento de negociación?

Detectar problemas en una vivienda usada no significa necesariamente renunciar a la compra. En la mayoría de los casos, significa contar con los argumentos más sólidos para negociar un mejor precio.

Guilherme Campos resume que el comprador que llega a una negociación con un informe técnico que detalle los costos estimados para corregir los problemas detectados se encuentra en una posición mucho más fuerte que quien negocia únicamente con base en la intuición o en comparaciones con otras propiedades del mercado.

Proponer un descuento equivalente al costo estimado de las reparaciones constituye una estrategia objetiva que un vendedor bien asesorado suele aceptar, ya que reduce la incertidumbre para ambas partes y facilita una operación que, de otro modo, podría estancarse por falta de argumentos técnicos sólidos.

En mercados en expansión, como el del estado brasileño de Roraima, donde la oferta de viviendas usadas crece al mismo ritmo que el mercado inmobiliario, esta capacidad de análisis es lo que diferencia a los compradores que realizan buenos negocios de aquellos que terminan pagando más de lo que deberían por una propiedad que ofrece menos de lo esperado.

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