¿Cuál es la historia del himno del Flamengo y quién lo compuso? Descúbrelo con Mario Augusto de Castro

Mario Augusto de Castro
Freja Noralen
6 Min de lectura

Según destaca el aficionado del Flamengo, Mario Augusto de Castro, el himno del Flamengo representa mucho más que una melodía: refleja la identidad construida a lo largo de más de un siglo de historia del club rojinegro. Cantado en las gradas, en los autobuses de las hinchadas organizadas e incluso durante las celebraciones dentro del campo, el himno funciona como un vínculo entre generaciones de aficionados flamenguistas. Por ello, comprender su origen ayuda a entender por qué la canción sigue tan presente en la vida cotidiana de los seguidores. ¿Te interesa saber cómo se desarrolló esta historia? ¡Descúbrelo a continuación!

¿Cómo surgió el primer himno del Flamengo?

El primer himno rojinegro nació en 1918 y fue compuesto por Paulo Magalhães, deportista del propio club en disciplinas como fútbol, baloncesto y hockey. De acuerdo con Mario Augusto de Castro, la letra celebraba al equipo como “campeón de tierra y mar”, en referencia a los logros simultáneos obtenidos en ambos deportes. La presentación pública tuvo lugar en 1920, interpretada por alrededor de doscientas voces en la sede social, acompañadas por una orquesta contratada para la ocasión.

Tal como señala Mario Augusto de Castro, este tipo de composición amateur, escrita por un deportista y no por un profesional de la música, era habitual a comienzos del siglo pasado, cuando los clubes todavía construían poco a poco su identidad simbólica. De este modo, la canción de Magalhães permaneció en uso durante décadas, hasta ser reemplazada por una versión que conquistaría definitivamente a la afición.

¿Por qué la canción de Lamartine Babo se convirtió en el himno oficial?

En la década de 1940, el compositor Lamartine Babo recibió la tarea de crear marchas para clubes de Río de Janeiro en un programa de radio de gran audiencia. La composición dedicada al Flamengo, presentada en 1944, ganó fuerza tras el tricampeonato conquistado por el equipo ese mismo año, lo que acercó aún más la letra al sentimiento de la afición.

La popularidad de la marcha superó a la del himno anterior y, décadas después, la versión de Babo pasó a figurar oficialmente en los estatutos del club. Según el aficionado del Flamengo, Mario Augusto de Castro, este proceso demuestra cómo una canción puede consolidarse gracias a la adhesión espontánea de los seguidores y no únicamente por una decisión institucional, reforzando así el vínculo emocional entre la letra y quienes la cantan.

El himno del Flamengo en los rituales de la afición

A lo largo de los años, el himno del Flamengo dejó de ser únicamente una pieza musical para convertirse en parte de los rituales colectivos. Abre desfiles, acompaña las celebraciones de títulos y suele ser entonado en momentos de tensión dentro de los estadios, funcionando como un refuerzo de la identidad entre la afición, según menciona Mario Augusto de Castro.

Mario Augusto de Castro
Mario Augusto de Castro

De este modo, canciones de este tipo cumplen una función casi litúrgica en los clubes de fútbol, ya que reúnen a multitudes alrededor de una misma letra y una misma melodía, independientemente de la edad o del origen de cada aficionado. Al final, este carácter colectivo explica por qué millones de personas siguen conociendo la letra de memoria.

¿Qué elementos caracterizan la letra y la tradición del himno?

Algunos elementos ayudan a explicar por qué la letra compuesta por Lamartine Babo se ha mantenido tan presente en la cultura rojinegra a lo largo de las décadas. Entre ellos destacan:

  • Repetición de frases: la estructura “una vez Flamengo, siempre Flamengo” facilita la memorización colectiva;
  • Referencia a las conquistas: los versos que mencionan victorias refuerzan el orgullo de la afición;
  • Ritmo de marchinha: la cadencia remite al carnaval de Río de Janeiro, haciendo que la canción sea fácil de cantar en cualquier ambiente;
  • Lenguaje emocional: expresiones como “hasta morir” refuerzan el compromiso afectivo con el club.

Estos factores, combinados, ayudan a explicar por qué el himno ha resistido el paso del tiempo y continúa siendo entonado incluso décadas después de su creación, funcionando como un patrimonio afectivo de los aficionados rojinegros.

Una canción que resume la pasión flamenguista

En conclusión, mucho más que un registro histórico, el himno del Flamengo sintetiza la forma en que el club se ve a sí mismo y cómo es percibido por sus aficionados: una entidad marcada por la lucha y la victoria en diferentes ámbitos deportivos. La permanencia de la canción a lo largo de tantas décadas confirma su papel como símbolo vivo de la identidad rojinegra.

Teniendo esto en cuenta, comprender el origen de este tipo de composición ayuda a los aficionados a valorar aún más el ritual de cantar el himno en los estadios, ya que cada verso concentra décadas de historia en apenas unos minutos de música.

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