Cuando se habla de vitamina D, la asociación automática suele ser con huesos fuertes y la prevención de fracturas, un razonamiento correcto, pero incompleto. Lucas Peralles, nutricionista deportivo y fundador del Método LP, explica que investigaciones recientes han ampliado considerablemente esta perspectiva, revelando que la deficiencia de esta vitamina está directamente relacionada con un empeoramiento de la sensibilidad a la insulina, la pérdida de fuerza muscular y un mayor riesgo cardiovascular, un conjunto de efectos que rara vez llega al conocimiento del público en general.
Un documento de consenso publicado en 2025 por especialistas internacionales reunió evidencias que señalan que los bajos niveles de vitamina D en la sangre están relacionados con el deterioro de la función muscular, un mayor riesgo cardiovascular, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico. Basta observar esta lista de asociaciones para comprender por qué tratar la vitamina D únicamente como un asunto ortopédico deja fuera una parte importante del cuadro clínico relevante.
¿Cómo interfiere directamente la falta de vitamina D en el control de la glucosa?
Los investigadores ya han identificado mecanismos bastante específicos detrás de esta relación, demostrando que la vitamina D actúa directamente sobre las células beta del páncreas, responsables de la secreción de insulina, además de modular procesos inflamatorios que, cuando están descontrolados, empeoran la resistencia de los tejidos a la acción de esta hormona. Un amplio estudio con más de cuarenta y un mil participantes identificó una reducción del quince por ciento en la incidencia de diabetes tipo 2, específicamente entre individuos que presentaban deficiencia de vitamina D antes de la suplementación, un efecto que prácticamente desaparece en personas cuyos niveles ya eran adecuados.
Este detalle es decisivo, porque explica por qué algunos pacientes informan poco o ningún beneficio al suplementarse con vitamina D por cuenta propia: si los niveles ya eran satisfactorios, no existe un déficit que corregir. Según Lucas Peralles, precisamente por este motivo la suplementación sin un análisis previo suele ser una apuesta a ciegas, mientras que la reposición orientada y guiada por análisis de sangre tiende a producir resultados mucho más consistentes, una práctica estándar durante las evaluaciones realizadas en la Clínica Peralles.
¿Por qué la deficiencia de esta vitamina también compromete la fuerza muscular?
Además de su conocida función ósea, la vitamina D participa en la regeneración muscular y en el funcionamiento mitocondrial dentro de las células musculares. La deficiencia de esta vitamina se ha asociado con una mayor susceptibilidad a la sarcopenia, es decir, la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular relacionada con la edad. Estudios realizados con pacientes mayores, diabéticos y con sarcopenia demostraron que la suplementación con vitamina D, combinada con una ingesta adecuada de proteínas, mejora la sensibilidad a la insulina y el rendimiento físico de manera mensurable en pocas semanas.

Al mismo tiempo, esta relación parece funcionar en ambos sentidos, ya que la composición corporal también influye en la cantidad de vitamina D necesaria para alcanzar niveles adecuados en la sangre. Las personas con un mayor porcentaje de grasa corporal suelen necesitar dosis más altas para obtener el mismo resultado. Según la evaluación de Lucas Peralles, este es uno de los motivos por los cuales la prescripción de vitamina D dentro del Método LP nunca sigue una dosis genérica, sino que se ajusta de acuerdo con el peso corporal, la composición corporal y el nivel sanguíneo inicial de cada paciente atendido en la Clínica Peralles.
¿Quiénes están más expuestos a esta deficiencia y por qué?
Las investigaciones muestran una relación inversa entre la obesidad y los niveles de vitamina D circulante, lo que sugiere que, cuanto mayor es la adiposidad, mayor es la tendencia a presentar deficiencia de esta vitamina, posiblemente porque el tejido adiposo retiene parte de la vitamina D disponible, reduciendo su circulación activa en la sangre. Esto crea un escenario preocupante, ya que precisamente la población con mayor riesgo metabólico suele presentar también una mayor predisposición a esta deficiencia específica.
Como explica Lucas Peralles, este ciclo refuerza la importancia de controlar activamente los niveles de vitamina D en pacientes con obesidad, resistencia a la insulina o diabetes, en lugar de asumir que la exposición cotidiana al sol, por sí sola, garantiza niveles adecuados de esta vitamina. En la Clínica Peralles, esta evaluación de laboratorio forma parte del protocolo estándar de investigación metabólica para pacientes con este perfil de riesgo.
¿Cómo transformar este conocimiento en una estrategia práctica de salud metabólica?
Reconocer el papel metabólico de la vitamina D, mucho más allá de la salud ósea de forma aislada, amplía la comprensión sobre un nutriente que con frecuencia se considera secundario en las conversaciones cotidianas sobre alimentación. Esto refuerza la importancia de realizar análisis de laboratorio periódicos, especialmente en personas con factores de riesgo metabólico ya establecidos, permitiendo una intervención temprana cuando los niveles resulten insuficientes.
Por último, este es un claro ejemplo de cómo pequeños ajustes nutricionales, cuando están respaldados por evidencias y correctamente personalizados, pueden influir de manera relevante en el control metabólico de un paciente. De acuerdo con Lucas Peralles, integrar la evaluación de micronutrientes, como la vitamina D, en el seguimiento nutricional forma parte del compromiso de la Clínica Peralles con un enfoque integral de la salud metabólica, y no únicamente con el conteo aislado de calorías y macronutrientes.