La psicoanalista Taiza Tosatt Eleoterio, especialista en salud mental y relaciones familiares, observa que el miedo y la vergüenza, dentro de una relación abusiva real, no son simplemente sentimientos pasajeros o reacciones emocionales sencillas, sino mecanismos psíquicos específicos que cumplen funciones bastante diferentes en el mantenimiento del vínculo.
Comprender estas funciones por separado y con claridad, en lugar de limitarse a nombrar los sentimientos de forma genérica e imprecisa, ayuda a explicar por qué romper este tipo de relación requiere mucho más que un momento puntual y pasajero de valentía.
¿Qué son, psíquicamente, el miedo y la vergüenza en este contexto?
El miedo, en este contexto específico, suele funcionar como un sistema de alerta constante orientado hacia el futuro: evalúa todo el tiempo los riesgos concretos de una reacción violenta, de una pérdida económica o de represalias después de cualquier intento de poner fin a la relación. Este tipo específico de miedo no es irracional ni exagerado; muchas veces corresponde a amenazas reales y concretas realizadas anteriormente por el propio agresor.
La vergüenza, por su parte, opera según una lógica muy diferente y compleja. Taiza Tosatt Eleoterio explica que este sentimiento se dirige hacia el pasado y hacia la propia identidad de la persona: surge de la comparación entre lo que la persona imagina que debería haber hecho y lo que realmente ocurrió, generando la sensación persistente y dolorosa de que hay algo fundamentalmente incorrecto en ella misma, incluso cuando la responsabilidad real corresponde a quien ejerce la violencia.
¿Cómo funcionan estos mecanismos en el día a día?
Taiza Tosatt Eleoterio señala que, en la vida cotidiana, el miedo y la vergüenza suelen actuar juntos y reforzarse mutuamente de forma constante y persistente: el miedo mantiene a la persona en un estado de alerta permanente, mientras que la vergüenza le impide hablar sobre lo que vive, ya que expresar la situación significaría admitir, ante sí misma y ante los demás, que algo salió terriblemente mal en su vida.
Este funcionamiento combinado y persistente ayuda a explicar por qué muchas mujeres evitan pedir ayuda, incluso cuando reconocen, de manera racional y clara, que la situación es grave: el miedo hace que salir de ella parezca peligroso, y la vergüenza hace que hablar del problema resulte casi insoportable. Contarle a alguien lo que ocurre en casa exige, al mismo tiempo, afrontar un riesgo físico real y exponer un dolor profundo que la propia persona apenas consigue nombrar con claridad para sí misma.
¿Por qué es importante comprender esto para quienes quieren ayudar?
Quien realmente intenta ayudar, sin comprender bien esta dinámica, suele exigir decisiones rápidas e inmediatas, sin darse cuenta de que está pidiendo a la persona que enfrente dos mecanismos psíquicos poderosos al mismo tiempo, ambos operando completamente fuera del control consciente y total de la propia persona involucrada en ese momento.
Taiza Tosatt Eleoterio aclara que reconocer la especificidad de cada mecanismo permite ofrecer un tipo de apoyo mucho más preciso y dirigido: reducir el miedo mediante una planificación concreta de seguridad y reducir la vergüenza mediante una escucha sin juicios, sostenida con paciencia a lo largo del tiempo, sin exigir resultados inmediatos.
¿Qué cambia cuando estos mecanismos son nombrados?
Por último, Taiza Tosatt Eleoterio expone que lo más importante es poder nombrar con claridad estos dos procesos por separado, en lugar de tratarlos como una vaga sensación general de sufrimiento indistinto. Lograrlo ayuda tanto a quien vive la situación como a quien intenta ofrecer apoyo a actuar de manera mucho más específica y eficaz ante el problema real.
Este tipo de comprensión profunda y cuidadosa no elimina el miedo ni la vergüenza de inmediato o automáticamente, pero transforma sentimientos que parecían completamente abrumadores y confusos en procesos que pueden trabajarse, uno a la vez, con el apoyo adecuado y constante durante el tiempo necesario.