La formación de un gestor puede comenzar mucho antes de un cargo de dirección. En regiones donde la distancia, la logística y las condiciones naturales alteran diariamente el trabajo, aprender a decidir exige más que dominio técnico. La experiencia de Itacoatiara y Manaos muestra cómo la actuación profesional en la Amazonía puede transformar el conocimiento académico en capacidad de gestión.
Después de concluir Agronomía en la Universidad Federal de Viçosa, en 1971, Alfredo Moreira Filho llegó a Amazonas en 1972 para trabajar en la Acar-Amazonas. Su primera experiencia profesional en el estado ocurrió en Itacoatiara, ciudad donde también conoció a Vera, con quien se casaría al año siguiente. En 1974, se trasladó a Manaos e inició una etapa más amplia de responsabilidades.
Lo que Itacoatiara enseñó sobre la realidad amazónica
Una de las primeras experiencias en Amazonas ya mostraba que la práctica exigiría adaptación. En 1972, participó en un diagnóstico sobre la cacaocultura amazonense, con trabajo de campo concentrado en el medio Amazonas. Los equipos recorrieron la región entre Itacoatiara y Parintins y visitaron más de 500 propiedades, muchas ubicadas en áreas de várzea (llanuras de inundación) sujetas a inundaciones.
El ejemplo revela una diferencia importante entre conocimiento técnico y aplicación práctica. El profesional necesitaba observar cómo funcionaba la actividad agrícola en un territorio marcado por ríos, desplazamientos prolongados y características naturales específicas. En la Amazonía, la decisión dependía de lo que estaba delante de los ojos. Ese aprendizaje de campo ayudaba a sustituir respuestas preparadas por el análisis de las condiciones reales de cada situación.
Cuando Manaos amplió el campo de actuación
En Manaos, la experiencia dejó de estar concentrada en una actividad específica y pasó a involucrar estructuras más grandes. Alfredo Moreira Filho transitó por la Acar, la Ceasa y la Codeagro, participando en iniciativas de extensión rural, abastecimiento, fomento agropecuario e implantación del Distrito Agropecuario de la Zona Franca de Manaos.
La Ceasa es un ejemplo de cómo la gestión pasó a exigir negociación, organización y seguimiento de personas. El trabajo implicaba empadronar a comerciantes de diferentes ferias y trasladarlos a una nueva estructura, creada para concentrar la oferta de alimentos y reducir intermediarios. Había una resistencia previsible, porque cambiar una rutina consolidada significa alterar también intereses y hábitos.
Este tipo de experiencia ayuda a comprender la transición de la actuación técnica a las funciones de gestión. El agrónomo deja de observar solo la producción y comienza a tratar con procesos, equipos, instituciones y decisiones que deben generar resultados concretos.
El campo como escuela para decisiones mayores
La investigación agrícola continuó desempeñando un papel importante en esa formación. En el trabajo con el guaraná, se realizaron visitas constantes durante un año para dar seguimiento a la floración, fructificación y otras características del cultivo. Los resultados contribuyeron a tres trabajos técnicos publicados por la Acar-Amazonas.
Alfredo Moreira Filho pasó a reunir, por lo tanto, experiencias diferentes dentro de un mismo territorio. Conocer la producción, hacer seguimiento a las políticas de fomento y participar en la implantación de estructuras de abastecimiento ampliaba la capacidad de evaluar consecuencias. El currículum comenzaba a combinar el conocimiento agronómico con la lectura administrativa.
El propio relato sobre su llegada a Amazonas refuerza este cambio. La formación universitaria indicaba caminos, pero la realidad amazónica exigía reaprender ante condiciones que no correspondían a lo estudiado en el aula. Esa disposición para adaptar el conocimiento se convirtió en una parte importante de su experiencia profesional.
La experiencia técnica se convierte en repertorio de gestión
El paso por Amazonas también marcó un cambio profesional. En 1982, tras dejar la administración pública, Alfredo Moreira Filho pasó a la iniciativa privada y participó en la creación de Sotagro con otros dos socios. Más tarde, en 1984, asumiría la gestión del Proyecto de Colonización Tucumã, en el sur de Pará.
La trayectoria muestra que la formación de un gestor no depende solo de cursos o cargos. También nace de la exposición continua a problemas concretos, de la convivencia con diferentes actores y de la necesidad de decidir en entornos en los que no todas las variables están bajo control. Itacoatiara enseñó a observar el territorio. Manaos amplió esa lectura hacia los procesos y las organizaciones. El resultado fue un repertorio que acompañaría nuevas etapas de su carrera empresarial.